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domingo, 28 de enero de 2024

Cuidad vuestro espíritu

 

Se dice que Mara Truth dio la bienvenida a su primera promoción de alumnas y alumnos con este pequeño discurso:

- En el principio, el ser humano se sintió desvalido frente a la intemperie de la inmensidad desconocida que lo rodeaba y, más allá de su pequeña organización social como grupos itinerantes, nómadas, tribales, supo que debía confiar en algo superior, poderoso, visible e invisible. Para llamar su atención y, tal vez, para asegurarse su beneplácito o gracia, empezó a ofrendar a estas entidades superiores, divinas y poderosas, parte de lo que cazaba, de lo que generaba e, incluso, parte de su descendencia. La vida era abrupta, cruel, carente de emociones que hoy en día disfrutamos como la empatía, la esperanza o la compasión. Entonces existía la protección divina, el dolor, la muerte y la oscuridad de la noche.

Con el paso de los tiempos y la necesidad de que estos grupos de seres humanos, en inicio dispersos y aislados pero progresivamente cada vez más numerosos y fijos, el ser humano enseguida comprendió que todo iba mejor si hacía alianzas con otros seres humanos. Necesitaban cada vez más recursos para subsistir y alimentar a sus gentes. Entonces, un día, se inclina por la guerra para extraer de las comunidades vecinas lo que le hace falta a su clan, a su tribu, a su poblado o, más adelante en el tiempo, a su ciudad estado agraria.

Somos lo que somos, como estados territoriales, con nacionalidades o insignificantes identidades de las que, de una forma extraña a la vez que inevitable, nos sentimos orgullosos, porque en un momento dado la Humanidad, como especie extendida por toda la faz de la tierra, pasa de vivir en grupúsculos humanos a hacerse fuerte y atrincherarse en grandes ciudades estado que, a partir de la aparición en la historia de un soldado sumerio llamado Sargon, se agrupan en imperios.

Buena parte de su cohesión social, a pesar del ataque de enfermedades mortales, pestes o epidemias devastadoras, procede de la labor cohesionadora que efectúan sus religiones en la población. Labor cohesionadora que ordena a la vez que controla a la población y a los distintos estratos sociales en los que es prácticamente imposible ascender. La religión contiene el arte, la espiritualidad, la tradición, el reconocimiento como humanos con propósito trascendente, el mito, el rito, la potencia exaltadora de cánticos y danzas sagrados y, a partir de cierta época, una de las herramientas más poderosas que existen y existirán: la escritura. Recordad la frase “está escrito” y su tremenda contundencia.

La religión pretende la paz y la bendición en muchas de sus tradiciones, politeístas y, a partir del Zoroastrismo, monoteístas, incluso la compasión con el congénere y hasta con el enemigo y, por supuesto, con las clases más bajas, pero algo debe haber en la naturaleza humana que la hace imposible cuando se trata de la colectividad. En el nombre de Dios se han cometido atropellos, tropelías, masacres, carnicerías, abusos, genocidios, infinitas violaciones a mujeres, niñas y niños y otras lindezas difíciles de limpiar de sus, a veces, aparentes nobles propósitos.

La simplificación ignorante y reduccionista de la experiencia religioso-espiritual conforme a “si Dios existe, por qué permite tanta desgracia” unida al progreso de la ciencia y la medicina farmacológica, han ido construyendo sociedades, sobre todo las occidentales, que han erradicado la vida espiritual de la persona en su día a día a la par que han generado una creencia colectiva de fe quasi ciega en la ciencia y en la tecnología. Sustituyendo sin complejos la fe en lo intangible por la fe en lo tangible creado, supuestamente comprobado e ideado por el ser humano con sus recursos únicamente humanos.

Pero al final, queridos alumnos, queridas alumnas, el ser humano es finito y no puede ni podrá vencer a la muerte. Quizás, en algunos casos pueda ganar un poco de tiempo o facilitar la vida diaria, hacerla más llevadera para aquellas personas que sufren de males irreversibles. Y sí, eso también tiene un valor, hay que reconocerlo. Pero, ¿qué es el tiempo cuando hay desesperanza, depresión y desesperación y se ha olvidado por completo la paz interior, la paz de espíritu, la conexión con el ser verdadero y el sentido de la compasión?

La espiritualidad que os propongo, queridos alumnos, queridas alumnas, es un camino de vida con sentido y centro propio, para alcanzar la plenitud de la consciencia y mantener un lazo inquebrantable con la conciencia. Con humildad, constancia, fe y amor presentes en cada momento de vuestras vidas. Del mismo modo que otros campos de conocimiento se trabajan, se aprenden y se desarrollan, el espíritu también. Dedicación, disponibilidad, continuidad, amor y alegría son virtudes de las que el espíritu humano bebe de forma reversible y retroalimentada. Cuidad vuestro espíritu, vuestra mente, vuestras emociones: hacedlo a través del todo que es vuestro cuerpo. Habéis venido a aprender, os daré lo que sé, el resto corre de vuestra cuenta.

Cuidad vuestro espíritu y seréis personas sanas, pacíficas, equilibradas y prestas para aquello que tenga a bien señalaros la Divina Providencia.

Escuchad con vuestro espíritu y se os dará la gracia de vuestro propósito.

¡Aleluya!


Santa Coloma de Gramenet, viernes 23 de junio de 2022 – domingo, 28 de enero de 2024.

Mara Laura Freijo Justo

jueves, 30 de agosto de 2018

ORACIÓN DE APERTURA



Abro mi corazón al mundo
Abro mi mente a la imaginación
Abro mi cuerpo a la tierra que habito
Abro mis brazos al amor que recibo
Abro mis manos a la abundancia que llega
Abro mi escritura a la sabiduría que me transita
Abro mis pies a las huellas del presente
Abro mis piernas a la vida que transcurre
Abro mi hígado a la rabia que suelto
Abro mi pecho a las lágrimas de los ríos
Abro mis heridas a la compasión de los mares
Abro mis hombros a la herencia de mis ancestros
Abro mis rodillas al orgullo que se va
Abro mi espalda al camino recorrido
Abro mi alma a la conciencia universal
Abro mi espíritu a la paz cósmica
Abro mi ser al destino

(*) Foto de Gertrudis Losada Alva del Río Arnoia. 8 de septiembre de 2016.

jueves, 2 de agosto de 2018

Oración del Árbol nuestro de cada día




Guardián de la vida
en la Tierra que nos susurras
con tu ejemplo
el camino a seguir,
despliega tu copa
en el manto de nuestros bosques.

Tu lengua es ley.
Tu palabra savia.
Si no lo es, debiera serlo.

Sagrado es tu ser
pues convoca el poder
de la lluvia
y cubre nuestra pena
con su sombra.

Árbol nuestro de cada día,
no te mueras hoy ni nunca,
todavía.

Te rindo en estos versos
los restos de una plegaria
antigua.

Me pliego con la fe de tus ramas
a las raíces de tu especie.

Tu ausencia es la muerte.

Por favor, por favor, quédate,
permanece,
y yo haré que te rieguen.


(*) Fotografía de Gertrudis Losada Alva. El Camino. Bosque de Lalín 2016.

miércoles, 11 de julio de 2018

Cantad y bailad





Las herméticas puertas del destino
se abrieron de par en par
y Mara contempló ante sus ojos
el paisaje de la desolación.

Los Seres Supremos permitieron
esa visión
como advertencia de lo que los hombres
podían llegar a perpretar.

Entonces Mara preguntó:

- ¿Se puede evitar?
- Debéis cantar y bailar muchas veces y muchas canciones, Joven Mara -dijo una voz.
- Cantaré y bailaré. Llevaré el mensaje: Cantad y bailad.

Las puertas volvieron a cerrarse
tras la espalda de Mara
cuya esperanza había sido renovada
pues Mara sabía cantar y bailar y hablar.

Ahora tocaba caminar
y transmitir la visión.

- Cantad, cantad y bailad, seres humanos del mundo – se cuenta que fueron sus últimas palabras en público.

(*) Acuarela de Gertrudis Losada Alva.


jueves, 21 de junio de 2018

Bendición MARA TRUTH




Bendice Tierra nuestra
las semillas
que el estiércol y los nutrientes
de los cuatro elementos
hacen crecer y germinar
en todas las estaciones del año
y en especial todo aquello
nacido en primavera y otoño.

Bendecid Seres Supremos
el alimento de nuestros pasos
y el latir de nuestros corazones 
tanto en el fuego de la luz
como en la sombra de los bosques
para que nuestras misiones
en esta vida
sean cumplidas y también bendecidas
por las generaciones venideras.

Bendice Dios nuestro
el saber que nos concedes
y los conocimientos que heredamos,
danos la fe y la espada del fuego sagrado,
concédenos la llama de la esperanza eterna 
y, si nos caemos,
ayúdanos a levantarnos;
bendice pues Señora nuestra
también la cadena consuetudinaria
que de padres a hijos,
de madres a hijas,
de padres y madres a hijos y a hijas,
traspasamos con humildad
para cuidar y amar a los nuestros
y a todas las criaturas que nos rodean
y nos alimentan.

Bendice Cielo nuestro
la Luna que brilla en la noche
y nos hace bailar en la penumbra, 
el Sol que teje nuestros incendios
y cicatriza nuestras heridas,
y la Lluvia que engrandece 
nuestros ríos y da amplitud 
a nuestros mares.

Bendice oh Montaña
de cordilleras y selvas ignotas,
el misterio de lo que albergamos
para que nuestra esencia inocente
permanezca intacta al menos
en algunos de nosotros
y así no perdamos
la antorcha guía en los días oscuros
de sangre derramada y lágrimas negras.

Bendice Puerto de la bahía
todos los barcos que zarpan cargados
de nuestros mensajeros 
para llevar la paz y la gloria
del Ser Humano a todos los rincones
conocidos y por conocer
de nuestras inmensidades,
tanto las físicas como las inmateriales,
tanto las reales como las polidimensionales.

Bendice oh Palabra
el lenguaje que nos hermana
y no permitas que nadie manche
tu Alma pues eres tú la Fuente directa
del Gran Espíritu Creador
y redimes nuestras mezquindades
con sabia compasión.

Bendecid Especies múltiples
de los poliversos nuestros,
nuevos y antiguos,
los presentes y futuros encuentros 
para que entre nosotros
se forjen alianzas duraderas
de fraternidad y paz.

Así sea.

(*) Dibujo de Paula Mocinho Novoa.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Conversaciones de la maestra con la joven Mara III



- Maestra, ¿es cierto que Mara anduvo perdida por el desierto de las ciudades oscuras del Norte durante más de diez años antes de reencontrarse con su camino?

- Querida niña, hay muchas cosas que se desconocen de la biografía de Mara y entorno a este desconocimiento corren rumores, cuentos, historias y leyendas. Pero yo que la conocí cuando su memoria se parecía todavía al sol reluciente, te diré que para ella todo tuvo un sentido, formaba parte del camino.

- ¿Con qué intención me formas maestra?

- Con la misma que me formó Mara: para que encuentres la llama de tu camino y seas red con el resto de los seres humanos con los que te ha tocado convivir.

- Pero estamos aquí, al lado del lago, mientras tanta gente lucha, muere, agoniza, asesina, ama, desea, no sé, todo tan apartado.

- ¿Qué sueñas últimamente, joven Mara?

- La veo a ella. Me habla. Me dice que no me preocupe. Está ciega pero no lleva bastón y tras ella aparece un ejército de querubines que tocan el arpa hasta que al fondo, en los infiernos del desespero, las viejas almas penitentes se purifican y caminan en paz.

- ¿Te dice algo?

- Sí, siempre se acerca a mí y me susurra: confía y sigue.

- Confía y sigue. Es lo mismo que me decía a mí al enfadarme porque los ejercicios no me salían. Confía y sigue.

La Maestra echa una carcajada y un pájaro inicia el vuelo hacia el horizonte.

- El ejercicio de hoy es muy sencillo. Quiero que cierres los ojos, reproduzcas en tu interior la música de los querubines y la escuches.

- ¿Ahora?

- Ahora, sí.

El rumor del agua en el lago es leve, apenas perceptible. La Maestra se desnuda y nada unos largos. La joven Mara permanece sentada en una roca. La tarde cae. La Maestra se recoge en la cabaña. La noche se alza al pie de la luna creciente. La Maestra sale al encuentro de la joven Mara que sigue meditando.

- Abre los ojos, joven Mara. Por hoy es suficiente. Y ahora, escribe en este papel cuál ha sido el mensaje que has recibido a través de la música.

La joven Mara escribe unas frases en el papel que le ofrece a la Maestra y luego sopla la punta de los dedos para darse calor. La Maestra recoge el papel y lo guarda en el bolsillo.

- Entremos dentro, joven Mara.

- No va a decirme si he superado la prueba.

- Hasta que nos despertemos no hablaremos sobre ello. Ahora toca cenar, entrar en calor y dormir para recuperarse.

Tras la cena, la joven Mara y la Maestra cantan algunas viejas canciones frente a la hoguera. A la mañana siguiente, Mara se despierta temprano y con enorme apetito. Tal y como acostumbra, se sienta en la banqueta de madera de la cocina a esperar a que la Maestra aparezca para empezar a preparar el desayuno, pero el tiempo pasa y la Maestra no aparece. Pasa la mañana, transcurre el mediodía, cae la tarde, el crepúsculo se alza a través de la ventana y la noche oscurece la estancia. Y la joven Mara permanece allí, sin moverse, tal y como la Maestra le ha dicho siempre que debe hacer pase lo que pase. Traspasada la medianoche, la joven Mara cae en un sueño profundo. Es entonces cuando la Maestra se le aparece para entregarle el papel que el día anterior le ha dado la joven Mara, tras su meditación en la roca al lado del lago.

- Ahora estás preparada para que la Fuente entre y salga de ti, ahora que ya no me necesitas parto hacia el lugar del que vine. Confía y sigue, joven Mara – lee despertándose de golpe y encontrándose con las mismas palabras en la realidad del papel.

La joven Mara entra en la habitación de la Maestra y zarandea su cuerpo con cierta angustia.

- Maestra, Maestra, no te mueras, no te mueras, todavía no.

- No, todavía no es mi hora, joven Mara. ¿Qué haces aquí abandonando el fuego?

- Lo siento, otra vez te he fallado.

La Maestra observando la preocupación de la joven Mara, le pone la mano en el hombro en señal de calma.

- ¿Te das cuenta de que ahora ya estamos conectadas en todas las dimensiones?

- ¿Eras tú maestra?

- Era Mara, pero detrás de Mara estamos todas, ¿no nos has visto?

- Oh, Maestra, gracias.

- Ahora ya estás preparada.

Al día siguiente la joven Mara abandona la cabaña sin estar muy segura de qué es para lo que la Maestra le ha dicho que está preparada. No duda de su palabra pero duda de ella misma. Durante los siguientes años se cuenta que la joven Mara da tumbos por el mundo leyendo el destino a quien se lo pide, fregando platos en restaurantes, cuidando de enfermos moribundos o limpiando casas de personas ricas. Cuentan que por más que camina, confía y sigue no logra dar con el sentido a su vida, de tal manera que a edad madura se encuentra perdida en el desierto de las ciudades oscuras del Norte hasta que una noche de invierno, durmiendo en una esquina nevada, a la intemperie, se le aparece la Maestra.

- Despierta, joven Mara, despierta, hay que desayunar, pronto amanecerá.

La joven Mara la mira y le hace la pregunta que lleva tantos años queriéndole hacer.

- Dime, maestra, para qué estoy aquí.

- Mira en tu corazón y dime qué ves.

- Amor incondicional.

La joven Mara despierta sobresaltada.

- Maestra, Maestra, he estado en el desierto de las ciudades oscuras del Norte y era Mara y estaba perdida y aparecías tú y yo hacía el ejercicio y llegaba hasta el final y todo tenía sentido.

- Está bien, está bien, pero por orden. Ahora es importante desayunar. ¿O es que esperas dar lo que has recibido sin fortalecer tu cuerpo? Recuerda que de allí de donde vienes la mariposa vuela libre, pero aquí debemos respetar nuestro ovillo de seda.

Cuentan algunos de los primeros supervivientes a la catástrofe que Mara no necesitaba alimentarse como la mayoría de la gente pero que solía decir que por respeto a las enseñanzas de su Maestra era necesario hacerlo. Aunque más de una vez se la vio renunciando a su ración para dársela a los niños.


Santa Coloma de Gramenet, 1-7 de diciembre de 2017



domingo, 23 de julio de 2017

Los mensajeros están trabajando





Parten los mensajeros
a bordo de la Nave.

Cruzan mares, océanos y desiertos.
Sortean remolinos en los ríos,
tempestades de viento
en las autopistas del infierno,
huracanes de tristeza
en las miradas
de las gentes desangeladas;
superan incluso
los enigmas de las montañas sagradas.

Con ellos, con ellas,
anidan los canales
de los centros dispersos
del universo.

Les va la vida en la entrega.
Les va la muerte en la rueda.

Son los mensajeros
seres invencibles
pues han delegado
la importancia
y la trascendencia 
en el camino
del mensaje.

Saben que su hilo 
es imprescindible
en la maraña del misterio.

Y siempre siempre
a su paso 
dejan semillas de fe,
estelas de amor
que incendian las hogueras
de la esperanza.

Atent@s,
ahora mismo, 
algun@
pasa a vuestro lado.

Escuchadlo,
hay algo que debéis
saber.


Jueves, 20 de abril de 2017.

martes, 27 de diciembre de 2016

La gran Ola



La joven Mara y la Maestra habían salido, como cada amanecer, a meditar en la orilla del mar.

Maestra, a veces pienso en la soledad de Dios y me entristezco.

- Mara querida, ¿cómo es eso?

- ¿Me prometes que me tomarás en serio si te cuento la verdad?

- Querida niña, siempre te escucho en serio. Sé quien eres.

- Perdona por dudar, maestra.

La joven Mara empezó a hacer dibujos con sus dedos sobre la arena mojada. Tras unir en una circunferencia todos los signos, observó lo que había escrito y con determinación lo borró con el pie derecho.

- Verás, me llegó un mensaje suyo.

Mara fijó su mirada en el horizonte.

- Dios pertenece a una especie muy lejana en un mundo muy lejano que se destruyó en otro tiempo y en otra dimensión hace miles de años. Él es el único de su especie. Durante cientos de siglos vagó solo por los universos paralelos y sintió la verdadera soledad del alma en su interior.

De pronto una ola gigante se alzó allá donde Mara tenía puesta su atención. Maestra y alumna se dedicaron una mirada de reconocimiento, pero no se movieron.

- En uno de los tiempos más complicados de sus mundos, Dios tomó una importante decisión que retaba al destino y a las leyes de su especie: crearía vida a su imagen y semejanza. A cambio del libre albedrío, exigiría el cumplimiento de unas leyes básicas de amor y respeto a la vida.

La gran ola avanzaba hacia la orilla donde maestra y alumna seguían mirando el horizonte.

- La primera vez que escuchó el llanto de un ser humano supo que amaría a aquellas hermosas e imperfectas criaturas hasta el final de sus días. Puso su fe y amor en la configuración de todas las almas que conformamos el mundo, al cual periódicamente regresamos.

- Es una historia muy hermosa, joven Mara.

- Maestra, creo que es cierta. Pero ahora Dios está muy triste. De un tiempo a esta parte cada vez le duele más cómo nos hacemos daño los unos a los otros sin permitir que el amor y la alegría invada nuestros corazones. Por eso hace años que apenas aparece el sol. Lo que más le entristece es pensar que puede volver a quedarse solo. Hace siglos que dejó de crear almas nuevas y muchas de las que se van han empezado a desaparecer sin trascender.

La gran ola estaba a punto de impactar contra los cuerpos de la Maestra y la joven Mara. Maestra y alumna se pusieron en pie, dispuestas a aceptarla. En ese instante, la ola quedó detenida en el espacio y en el tiempo.

- Maestra, ¿vamos a morir ahora?

Durante unos segundos, la Maestra permaneció en silencio. Luego se adelantó hasta alcanzar a tocar el agua de la gran ola con los dedos.

Joven Mara, está claro que Dios nos ama -dijo mostrando su mano húmeda mientras sonreía.

En el horizonte el sol se desperezaba y una hermosa tonalidad anaranjada invadía la nueva mañana en la bahía.

- Quizás hoy Dios amaneció esperanzado – dijo la joven Mara.

Al día siguiente, Mara y su Maestra, se despertaron empapadas, con las ropas mojadas. Todo estaba lleno de agua. El suelo, los muebles de la cabaña, las alfombras, las sábanas... Mara se asomó desnuda a la ventana y una ráfaga de aire fresco le secó la cara.

- Mira Maestra, hoy de nuevo ha salido el sol – celebró con risas la joven Mara.



Santa Coloma de Gramenet, 5 de agosto – 27 de diciembre de 2016

martes, 1 de noviembre de 2016

Labrando esperanza, sembrando fe




Bajaron los ángeles
cayeron demonios
por las grietas de los cielos
los niños ciegos
de los inframundos
hicieron holocaustos
en los túneles de los subterráneos
los asesinos y los proxenetas 
ofrecieron el perdón
a sus víctimas.
Algunos de los guardianes
de los umbrales
dejaron abiertas
las cancelas de los sueños.
El mundo se abocó
a uno de sus finales
y ni las mujeres ni las putas
podían hacer nada
por convocar
el regreso de la vida.
La sombra del horror
llovió sobre Dios.
Solo Mara caminaba.
Mara la no mujer.
Mara el no hombre.
Mara el Ser.
Mara el NoSer.
Cada paso que daba
se hendía en la esperanza.
Sabía que moría a cada lágrima.
Sabía que en el silencio
de las calles todo, todos
se despedían y la mayoría
sufría.
El ser humano decía adiós.
Convocó en los cuatro puntos
a las puertas de Hyperion
rogó con las uñas a Dios
y le llamó Padre, Madre, Origen.
En la noche 
los truenos
y la luz que asombra el mundo
con la profecía del dolor
parió el día artificial
y la noche murió 
en el deseo de azul.
Los universos se debatían
contra sus propias persianas
de fe.
Mara caminó y caminó.
Sobre el asfalto, sobre la arena,
sobre el agua, sobre el alquitrán,
sobre el fuego, sobre las brasas, 
sobre las cenizas que firmaban
un testamento finito.
Al llegar al lago de la Esfinge
su rostro no se reflejaba 
en el agua.
A sabiendas de la ilusión
las ondas del Espíritu
la mecieron durante un tiempo
eterno.
El tiempo que tardó Dios
en llorarnos y llamarnos 
con profundo amor.
Al despertar, Mara sintió
hambre y sal y gusto amargo.
Un niño sentado frente a ella
le entregó unas semillas.
Se cuenta que las semillas
eran de Loto y mientras
olvidaba dio en parto libre
el mundo que conocemos hoy.
Cada vez que cada uno 
cada una de nosotras
sueña el final 
un ángel se levanta en algún lugar
del mundo
y de la mano de un demonio
recorre el mismo camino
que hizo Mara
hasta bañarse en el lago
de la Esfinge.
Así es como el mundo sigue
y volvemos a nacer
con un destino renovado.
Se dice que la nueva Mara
ya ha nacido y camina.
El día que la veas
sonríe pues siempre hay alguien
una Mara
que está dispuesta 
a caminar para nada
a caminar para todo
a caminar a caminar
a caminar a caminar
labrando esperanza
sembrando fe.


(*) Foto de Gertrudis Losada.